Cuando de repente me llamó mi tía.
Tía: Jennifer, Alberto va a venir. ¿No te importa, verdad?
Yo: Que va, todo lo contrario. Bueno, voy a por tu vaso de agua.
Fui a por el vaso de agua, lo intenté coger pero se me callo, con tan mala suerte que me
clave un cristal. Intenté coger otro, y ese sí que no se me callo al suelo.
Fui al comedor a darle el agua, pero por el reflejo del cristal vi a una persona más.
Así a lo lejos no sabía quien era. Así que me acerque.
Yo: Tita aqui tiene el agu...¿¡ALBERTO!?
Alberto (mi primo): ¡JENNIFER!
Dejé el agua en la mesa, y lo abraze como jamás había abrazado a nadie. Y
empecé a llorar, soy demasiado sentimental.
Yo: Te echado de menos, y mucho.
Alberto: Yo también pequeña. Te amo -susurro-.
Yo: ¿Qué dijistes?
Alberto: Que te quiero pequeñaja.
Mi tía se quedó un poco alucinada con el espectáculo que habíamos
montado ahí.
Al cabo de unos minutos, me dijo que sí se podía tumbar en alguna cama, y
yo siendo amable le dejé la mia.
Nos quedamos yo y Alberto solos, gran problema...
Alberto: ¿Puedo encender la tele?
Yo: Como sí estuvieras en tu propia casa.
Alberto: Entonces, ¿me puedo quitar la camiseta, ¿no?
Yo: Por mí como sí te quitas toda la ropa.
Alberto: Mmm... Buena idea.
Yo: Ni se te ocurra. Llamo a tu madre.
Alberto: Tranquila, no lo voy hacer...O sí, ¿O no?, ¿o sí? Decide tú.
Yo: Vete a la mierda.
Alberto: ¿Te ha bajado la regla pequeña?
Yo: No estoy de humor.
Alberto: Besame bandida.
Yo: Alberto, por dios. JAJAJAJAJAJA.
Alberto: Venga besame, que te pongo mucho.
Me empecé acercar, estabamos a milímetros de nuestros labios pero...
Continuará...
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