miércoles, 1 de mayo de 2013

Capítulo 27.


Capítulo 27.
-Yo: Mira, voy a ir al grano. Alberto yo... No quiero vivir más.
-Alberto: ¿Por qué? ¿Qué pasó con ese imbécil? Juro que va a morir cuando le vea. O al menos se quedará sin piernas. Y sin cabeza. Quiero sacarle sus sesos.
-Yo: Ya, Alberto, ya.
-Alberto: No, ya no. Ese es un hijo de puta. No sé que te habrá dicho o que te ha hecho. Pero lo va a pagar caro, muy caro.
-Yo: Alberto, me dijo que era una apuesta y que quién me iba a querer a mí sí soy una gorda...
-Alberto: Dame tu móvil.
Narro: Le di mi móvil, aunque ni siquiera pensé en nada. Sabía que sí no se lo daba, iba a ser peor. Sólo escuchaba hablar él:
-Alberto: Hola. ¿Eres Xavi?
-Alberto: Eres un hijo de la gran puta. Juro que sí te veo por la calle, será ese él último día que la veas. Porque a ella no le llama gorda ni Dios, ¿entiendes? Eres un gilipollas, una apuesta... Pues te la metes por el puto culo. Hijo de puta.
Narro: Y colgó. Vi en su mirada que tenía mucha rabia. Esto no me gustaba...
-Yo: ¿Alberto?
-Alberto: ¿Sí?
-Yo: Por favor, no le hagas nada.
-Alberto: Tú primero vete a duchar y ya luego tendremos una charla...
Narro: Cogí mi ropa y me fui a duchar. Pero cuando me metí en la ducha vi que alguien se había metido en el lavabo. Yo no dije nada, mientras que no abrieran las cortinas de la ducha... Miré un poco apartando las cortinas, y me encontré Alberto meando.
-Yo: ¡ALBERTO!
-Alberto: No me chilles. ¿Sí?
-Yo: ¿Qué haces?
-Alberto: Intentando mear.
-Yo: Oh, lo siento.
Narro: A mí, no me importó nada que estuviera ahí. Lo contrario. Me sentía protegida. Acabé de ducharme, y cogí una toalla. La cual no había en ningún sitio. Mierda.
-Yo: ¡Alberto!
...
No contestó nadie.
-Yo: Joder, Alberto. -chille aún más fuerte-.
...
Pero nada, no estaba.
-Yo: Me cago en mi vida. ¡¡¡¡ALBERTO!!!! -chille con todas mis fuerzas-.
Narro: Y ahí, de repente, se abrió la puerta del lavabo.
-Yo: ¿Eres gilipollas? ¡NO MIRES!
Continuará...

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